Seguros vitalicios, una opción a largo plazo

Si bien la modalidad más conocida y buscada de seguros es la temporal, que nos cubre por un año y se renueva cada periodo, existe una cobertura vitalicia, que nos protege en cualquier etapa de la vida, funciona como un sistema de ahorro a largo plazo y protege a la familia en caso de fallecimiento.

Con el seguro temporal, que es relativamente económico, no recibimos ningún pago al final de cada periodo, sin embargo con la cobertura vitalicia podemos contar con una reserva, que genera un ahorro similar a la del seguro dotal, además de brindar protección y gastos médicos, en algunas pólizas.

Si bien las primas a pagar con un seguro vitalicio son más altas, podemos recuperar una parte de nuestro dinero, ya sea que decidamos cancelar la póliza o que ante un percance tengamos que cobrarlo; además brinda la facilidad de brindar préstamos del mismo seguro de vida, con las mismas tasas de interés para el cobro que otra entidad bancaria, ya que toma en cuenta la tasa promedio de los Cetes a 28 días, más una cantidad de puntos porcentuales que se estipulan en el contrato.

Lo más recomendable para adquirir este tipo de seguros es hacerlo a edades tempranas, ya que los riesgos de salud son menores, al igual que los pagos anuales; el monto que recibe el beneficiario es mayor en función de la edad y los años que se mantuvo el contrato. Además, es muy importante conocer muy bien los contratos y las exclusiones de la póliza, es decir, los casos en donde no se otorgará la suma asegurada.

Una práctica común es que una persona diagnosticada con una enfermedad grave contrata un seguro de vida, sin informar a la aseguradora de dicho padecimiento; sin embargo si fallece dentro de los dos primeros años posteriores a la contratación, la aseguradora puede rechazar el pago por presunto ocultamiento de la información. Durante los dos primeros años, las aseguradoras tienen el derecho de solicitar información adicional para comprobar que el asegurado no tenía conocimiento de sus enfermedades (o no las había desarrollado aún), por lo que realizan investigaciones en hospitales y clínicas para buscar análisis o consultas previas para conocer el momento exacto en que el usuario supo de su condición de salud. Tras los dos primeros años, las aseguradoras no solicitan información adicional para pagar la indemnización del beneficiario.

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